Luna Llena en Virgo. Las heridas no se curan, se comprenden haciéndonos responsables de nuestra vida.

Preguntarnos por si es posible borrar la heridas que se fueron marcando en el paso por la vida, aquellas que quedan en nuestra alma, en nuestra mente y en nuestra piel es una pregunta que no tiene una respuesta. Preguntar por la posibilidad de curar, es preguntar por la soberbia de pensar que es posible borrar nuestra historia, borrar nuestro pasado, nuestras decisiones y nuestros sentires. Con esta Luna Llena en Virgo nos ponemos en contacto con lo más real y lo más doloroso para perdonarnos, comprendernos y unir lo que sentimos con lo que pensamos. Esta capacidad de unir nos transporta a un estado de serenidad de contemplación sobre nuestras heridas, sobre nuestra historia. Todo límite (Luna Llena Finales) posibilita que la realidad ocupe su espacio y su tiempo. El perdón no implica permitir avasallamientos no cierres, sino convivencia con el dolor. El dolor asumido, permanente, y abierto en nuestra existencia es el principio de creación y de permanencia en la plena realidad. La magia no existe, los fármacos y demás placebos pueden alivianar el camino, pero la verdadera fuerza de vida nace y se desarrolla en tomar, en modo trágico, el insoportable saber de la vida. Apoyare sobre lo no realizado en el pasado es sostener espacios obtusos. Esta Luna de finales está unida a Quirón, aquel Centauro que supo transformar la inmensidad del dolor en sabiduría (fue maestro de Hipócrates -médico griego con el que se designa el actual juramento hipocrático de los médicos).  Encauzar el dolor en creación es comprender en profundidad el cauce de la vida. Disolver el dolor es querer tapar un foso ilimitado, en algún momento se abrirá. El dolor y la historia es parte del espesor de la vida que nos ofrece un inabarcable abanico de posibilidades, ¿Qué nos limita?, la fantasía de la perfección (heredada o adquirida). Es la última Luna de este año astrológico para para dejar de sentirnos implacables, para comprender la potencia del límite sobre nuestra concepción de la realidad, la realidad es aquella que creamos y está en nuestra mente y en nuestras manos y acciones la posibilidad de otra realidad tanto en lo social como en lo personal. La opción entre seguir culpando a otros de nuestro pasado y de nuestras decisiones y de tomar la vida y las decisiones en nuestras manos es la diferencia existente entre ser responsables y creadores de nuestras vidas y la de otorgarle la responsabilidad a otros. Ser responsables de nuestros sueños, de nuestra vida y de los afectos es la libertad de hacerse cargo de nuestras heridas. Hacerse responsable otorga libertad de decisión. Hacerse responsable de la vida nos ayuda a poner sanos límites, descartando aquello que nos esclaviza y amando aquello que desde la sinceridad de herida a herida nos une en lo que implica el desafío del sentido/sinsentido de la vida. El amor como fuente de vida genera unión desde la comprensión.

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